‘Déjame salir’, adivina quién viene esta noche

Los Estados Unidos a examen. Una prueba de fuego en la que un joven acude a casa de los padres de su novia para pasar unos días con ellos. La realidad social norteamericana acabará hundiéndolo en un estadio social claustrofóbico.

Jordan Peele reflexiona sobre las consecuencias de una sociedad presuntamente evolucionada en constante lucha con los fantasmas de su pasado. De una forma cínica y abiertamente desenfadada, el director analiza a un determinado extracto social imbuido en las costumbres que ya se creían superadas. Resulta cuanto menos simpático recordar aquella película de Stanley Kramer titulada Adivina quién viene esta noche. Especialmente cuando se opone el parecido entre su protagonista, Spencer Tracy, y el que ejerce de patriarca en Déjame salir, Bradley Whitford. Familias bien que residen plácidamente en su jardín, plantado de prejuicios.

Votaría a Obama por tercera vez”, se repite a modo de justificación para tratar de aliviar la necesidad de comportarse de manera políticamente correcta. En mitad de esa declaración de intenciones, Jordan Peele conjuga géneros y elementos como para demostrar que se puede realizar una película de terror solo con los tenebrosos elementos sociales que definen la contemporaneidad. Chris (Daniel Kaluuya) visitará a sus suegros durante un fin de semana acompañado de su novia (Alison Williams). La premisa ya es irónicamente perversa.

Sin embargo, Peele pervierte su propia idea en cuanto despliega el arsenal psicológico del personaje de Caleb Landry Jones dejando todos los trucos al descubierto. En mitad de todo el asunto, una fiesta. Chris encontrará a compañeros de lucha que han sido absorbidos por esa sociedad que Jordan Peele, de manera inteligente, pretende denunciar. Hasta ese momento, Déjame salir es una notable película que provoca alguna que otra carcajada cómplice.

Pero todo se vuelve exageradamente perverso. Las cartas se desvelan de la peor forma posible y la película pierde todo su fuelle mientras suena el toque de una cucharilla contra una taza, mientras un vídeo va explicando el origen de todo lo que sucede en aquel rincón de una casa convertida en la exagerada pesadilla de su protagonista. Déjame salir pasa de ser una fotografía asqueada de una sociedad decadente a mutar en una película de terror previsible, con tics propios del género que hunden irremediablemente la exquisita premisa inicial.

“Relating a person to the whole world: that’s the meaning of cinema”. (Andrei Tarkovsky)

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