El autor de ‘Heartbreaker’ o ‘Cardinology’ lanza al mercado digital un disco culpable, plagado de calma y reflexión. Una mitad del camino, una oscuridad en medio de un túnel.

El pasado 18 de diciembre, de manera silente y sin la fanfarria que acompaña a determinados lanzamientos, el nuevo disco de Ryan Adams llegaba a ese páramo sobrepoblado en que se han convertido las plataformas digitales. Wednesdays aterrizaba años después de lo último que escuchamos del músico de Jacksonville. Y es que Prisoner (2017), heredero por derecho de la brillantez que destilaba Ryan Adams (2014) daba paso a una época oscura que frustró los planes del artista de lanzar tres discos en solo un año. Un 2019 que convirtió en mutismo cuando trascendía que siete mujeres lo acusaban de conducta inapropiada en un artículo publicado en febrero de aquel mismo año por The New York Times.

Este Wednesdays quedó, por tanto, relegado a un futuro indeterminado. Sin embargo, constituye un díptico a priori intencionado con su predecesor en cuanto a rendición de culpas se refiere. En este LP, Ryan Adams muta sus formas en una suerte de trovador que procede de las lindes de Neil Young y que, lentamente, va recorriendo sus culpas, sus pronunciamientos de perdón y los recuerdos que le unen a esa línea que ha trazado entre sus recuerdos y su música.

Dividido en once cortes, Wednesdays va abriendo en canal aquellos sentimientos que Prisoner dejó en volandas. Parece que aquel 2019 sirvió para interrumpir el lanzamiento de aquellos tres proyectos, aprovechando para expiarse a través de las líneas de temas como I’m Sorry and I Love You (con la que abre el disco) o Walk In The Dark. No cambia la dinámica del disco hasta la excepcional Birmingham (el corte donde más Young resuena la voz del de Jacksonville). En el camino, temas como Poison & Pain o la emocional Mamma, cuya letra parece ejecutar un acercamiento espiritual a la primera parte de aquella opera song que fue Bohemian Rhapsody de Queen.

Quizá Wednesdays no sea el regreso más esperado de un músico de la altura de Ryan Adams. Sin embargo, es el retorno de alguien que necesita expiarse, que necesita ser perdonado, que a través de su música busca volver a ubicarse en un mundo que, sin él, ha cambiado por necesidad. Ahora, Ryan Adams tiene que hacerse frente a sí mismo, a una nueva era para él, a una época en que posiblemente su música sea ignorada y acabe, solamente, en los altavoces de sus fieles seguidores. Un tiempo incierto para él, cuya gestión solo le pertenece a él y a sus paisajes sonoros. Por el momento, de manera digital. El próximo 21 de marzo de 2021, en sus ediciones en CD y LP con un 7” que contendrá un par de temas adicionales.

“Relating a person to the whole world: that’s the meaning of cinema”. (Andrei Tarkovsky)

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